¿Me conviene una tarjeta prepago para comprar en Internet?

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El auge de las compras por Internet y el miedo al uso fraudulento de los medios de pago llevó a que muchas entidades crearan tarjetas virtuales en las que se limita el riesgo a la cantidad cargada. Esta modalidad se ha extendido a las compras normales, con pros y contras.


Todos los días, cientos de personas alrededor del mundo son víctimas del robo de sus tarjetas bancarias, ya sea sustrayéndolas, en un cajero o a la hora de pagar una compra o haciéndose con sus datos por Internet. Este punto es especialmente preocupante y ha limitado en muchos casos el crecimiento del comercio electrónico a pesar de que lo esté haciendo más de un 20% anualmente. Por ello a lo largo de estos años se han ido desarrollando nuevas soluciones de pago (Paypal, wallets…) a la vez que se ha reforzado otras clásicas como el pago de tarjeta con sistemas de verificación seguros incluyendo en muchos casos la obligación de incluir un código que recibiremos en nuestro móvil.

A pesar de ello y como medida de seguridad son muchos los que se deciden por las tarjetas prepago. Estos plásticos tienen como saldo la cantidad que recarguemos, lo que en caso de uso fraudulento limitará el riesgo a esta cantidad. Así por ejemplo si recargamos por 100 euros y gastamos 90 euros, lo máximo que podrían utilizar si se hacen con los números de nuestra tarjeta será 10 euros.

Dos clases de tarjeta

Esta modalidad se ha desarrollado bajo distintos nombres por muchas entidades, generalmente nos dan un soporte en papel o cartón en el que se incluyen la numeración y códigos de validación necesarios para efectuar el pago.

Pero dada estas ventajas de seguridad, también han surgido otra modalidad de tarjeta prepago bajo el soporte y apariencia de una tarjeta normal (con banda magnética y/o pin) que permite pagar en todos los establecimientos.

Con ambas tarjetas además de seguridad ganamos en otro punto, el control del gasto. Al tener que recargar nuestra tarjeta contra la cuenta corriente nos ayudará más a evitar compras compulsivas y controlar mucho mejor nuestros gastos.

Pero también tienen contras, especialmente en operativa y coste. Aunque muchas son gratuitas en su emisión y renovación, su coste está tanto a la hora de recarga como por disponer o devolver el efectivo que no se use a nuestra cuenta corriente. Es muy importante para el cliente que antes de contratar el producto analice todas las comisiones como la existencia de mínimos tanto en cantidad como en las comisiones, por ejemplo, un 1% por recarga con un mínimo de 2 euros,

No para todos los usos

Pero también tiene otras limitaciones. Por ejemplo, no son aceptadas en muchos casos para pagos recurrentes, como pueden ser renovaciones de programas informáticos o servicios contratados dado que no tienen ninguna garantía de que en ese momento haya saldo para cargar el importe. Esto por ejemplo ocurre con el servicio de pago paypal, al cual asociamos tanto una cuenta bancaria como una tarjeta para que nos carguen los pagos y que no permite usar las prepago.

Y por último, aunque son muy útiles por la limitación del riesgo, cuando viajemos al extranjero debemos asegurarnos que tengamos acceso a la posibilidad de recarga. Al no poderse hacer por cajeros u oficinas, esta tendrá que ser exclusivamente por los servicios de banca online de nuestra entidad.

Entrevista en Intereconomía

Os dejamos una entrevista en la que analizamos el uso de este tipo de tarjetas para pagar online:

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