¿Cómo me puedo arruinar en bolsa?

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Toño García
6 minutos de lectura

La Bolsa de Valores, aunque no es un casino, algunos la consideran como el lugar donde se compran valores y se cosechan los beneficios, sin más. Esto que digo se puede comprobar muy fácilmente escuchando los consultorios bursátiles que los medios de comunicación especializados emiten todos los días. El que responde a las preguntas es un profesional, pero no es un adivino que, en la mayoría de las ocasiones, el oyente, lo pone en un aprieto. Por un lado, están los que quieren que se le aconseje un valor para comprar y ganar dinero (como si eso fuese tan fácil); por el otro, la mayoría, son los que están en pérdidas y no saben qué hacer: entonces acuden al experto analista pensando que les va a salvar los muebles y nada más lejos de la realidad, lo que en el fondo produce frustración. No existe la fórmula del éxito en inversión y si alguien la conociese no la contaría, pero sí existe la fórmula del fracaso: meter el dinero en algo que se desconoce, cerrar los ojos y esperar a que suba.

La Bolsa está considerada como el mejor vehículo de inversión para rentabilizar los ahorros y eso requiere de un aprendizaje. Tampoco son necesarios estudios de posgrado, pero sí unos conocimientos básicos, aunque solo sea conocer el reglamento. A partir de ahí, sin dejar de lado la formación, la experiencia se pondrá del lado del ahorrador que ha pasado, sin saberlo, a inversor. Ser inversor es una tarea muy difícil donde para ganar dinero hay que trabajar muy duro. Comprar acciones en la Bolsa es ser propietario de la parte alícuota de la compañía en la que se ha invertido el dinero. Teniendo claro eso, si lo que se quiere es perder dinero, solo es necesario cortar las ganancias y dejar correr las pérdidas.

La economía es cíclica, lo vemos constantemente, y la Bolsa, aunque se afianza en las expectativas, es un fiel reflejo de la realidad. El dinero que se gana en los ciclos alcistas es un préstamo que hay que devolver en los ciclos bajistas si no se ha salido a tiempo. Saber cuándo vender es más importante que saber cuándo comprar. No vender a tiempo una posición ganadora puede dar lugar a una pérdida por no haber protegido adecuadamente los beneficios.

Vivimos un momento de auténtica saturación de información. Todos sabemos de todo. Lo hemos leído en algún sitio sin percatarnos de si es una fuente fiable o no. Los CEO’s de las compañías salen a vender las bondades de su empresa y el ahorrador, que no es capaz de verificar esa información porque posiblemente no tenga acceso a ella, entra de lleno en la cotizada sin más dilación. Si no se aplica un filtro adecuado y solo se selecciona lo que se quiere escuchar la ruina no se hará esperar.

La intuición no es una buena consejera en lo que a inversión bursátil se refiere. Es más, invertir por intuición es perder por obligación. No es bueno querer ser el más listo porque no se es. Frases como “no puede bajar (o subir) más” no ayudan en absoluto, todo lo contrario, no se ponen de nuestra parte. Al otro lado de nuestro terminal de contratación están los inversores más expertos, los mejores tiburones sin ningún tipo de escrúpulo hacia los inversores domésticos que su única ambición es sacarle una rentabilidad al mercado. Por eso, ir en su contra, es dar coces contra el aguijón. Los grandes inversores, no los pequeños ahorradores, son los que marcan las tendencias de los valores y dicen todos los manuales bursátiles que ir en contra de la tendencia es ir de camino al abismo más absoluto.

Promediar a la baja también suele ser un buen pensamiento para perder parte del dinero invertido. En la inmensa mayoría de los casos, no es una buena idea intentar rebajar el precio medio de compra mediante la adquisición de más títulos a medida que va cayendo el precio de la acción. Cuando una acción está en caída libre lo mejor que se puede hacer es dejarla caer hasta donde tenga que hacerlo, ya habrá tiempo de entrar en ella si es que se llega a recuperar. Si nos hemos equivocado, se deshace la posición, se reconoce el error y nos vamos con el dinero a otra parte.

La inversión en Bolsa no es una ciencia exacta: dos más dos no siempre son cuatro. Ningún analista tiene la verdad absoluta, son profesionales, sí, pero no son dueños de la verdad. Es más, unos opinan una cosa y otros opinan la contraria. Uno de ellos, y solo uno, tendrá razón, solo el paso del tiempo lo corroborará. Todos hemos visto quiebras en la Bolsa. Y, hasta el último día, se han emitido recomendaciones de compra. Si el consenso del mercado está fuera de una compañía, es por algo, llevarle la contraria es despojarnos de nuestra arma de inversión más valiosa: el dinero.

El dinero que se destine a la inversión bursátil será aquel que se sepa con certeza que no se va a necesitar en el corto plazo: será ese dinero que no forme parte del fondo de reserva ni del fondo de emergencia. Y esto es así porque puede darse el caso, y se da con más frecuencia de lo que se piensa, que haya que vender por necesidad y eso ocurra en el momento peor de la inversión. Vender por necesidad es perder por obligación.

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin mencionar el riesgo. Uno de los principios fundamentales de la inversión en Bolsa es tener una estrategia bien definida y bien marcados los tiempos y los precios de entrada y salida. La estrategia será rentable si el mercado se pone de nuestro lado, pero no siempre es así. Por eso, para estar en las ganancias también hay que asumir las pérdidas: dos pasos para delante y uno para atrás. Tener controlado el riesgo de la inversión es algo imprescindible; si no se controla debidamente, las minusvalías aparecerán de inmediato y ese no es el fin de ninguna inversión.

El mar de los mercados financieros está lleno de tiburones y de cantos de sirena, pero ninguno estará de nuestro lado. La inversión en Bolsa, al final, es una inversión de suma cero: lo que uno pierde lo gana otro. Si el deseo de inversión coincide con que ese mar está repleto de grandes tempestades es preferible esperar a entrar cuando todo esté en calma. Hay un dicho bursátil que viene muy a cuento y dice que “en época de tormentas no es conveniente tender la ropa”.

Una inversión a largo plazo suele ser aquella que se hizo con la intención de recoger beneficios rápidamente y se nos ha ido de las manos el control, con lo que la mejor solución es dejarla en herencia para nuestros descendientes.

La psicología influye en cada una de las decisiones que tienen que tomar las personas. En este sentido, el mundo de la inversión no es diferente debido a que el inversor tiene que arriesgar su propio patrimonio, a sabiendas de que las emociones formarán una parte muy importante del negocio, hasta tal punto que si no son controladas serán quienes marquen la línea del éxito o del fracaso. Al final, lo que dice la psicología de la inversión es que de una forma natural se cometen errores, por eso,invertir en aprendizaje, es una buena manera de evitar los errores emocionales y no convertirnos en nuestros propios enemigos financieros.

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