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Un ‘bono estructurado‘ es un producto financiero de inversión con un plazo fijado de antemano, que permite al inversor la posibilidad de conseguir una rentabilidad vinculada a la evolución de un determinado activo (una cesta de tres acciones, por ejemplo).
A diferencia de un depósito estructurado, la nota o bono estructurado no goza de la protección del Fondo de Garantía de Depósitos, lo que afecta a su riesgo: además de perder capital por la propia configuración financiera del contrato pactado, se puede perder el capital invertido si el emisor o garante quiebra o tiene otro tipo de problemas económicos.
La característica común a los productos estructurados es la existencia de un activo de referencia al que se vincula la rentabilidad final del producto, o la posible pérdida de capital en su caso.
A este elemento externo se le denomina «activo subyacente«, pudiendo utilizarse gran variedad de activos para tal fin: índices bursátiles, acciones, fondos de inversión, materias primas, tipos de cambio o tipos de interés, entre otros.

Las notas o bonos estructurados son consideradas un producto híbrido (producto complejo a efectos de MiFID) que se construye a través de dos o más instrumentos financieros, entre los que destacan:
De los diferentes tipos de notas o bonos estructurados, citar: