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¿Cómo está afectando a los seguros el cambio climático?

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Fecha de actualización: 24/10/25

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Durante años, el cambio climático sonaba como un murmullo de fondo. Algo de lo que advertían los científicos y discutían los políticos, pero que en el día a día parecía quedarnos lejos. Hoy, en cambio, sus efectos se han colado en la conversación diaria. Fenómenos meteorológicos que antes eran excepcionales se repiten con más frecuencia y con mayor intensidad, generando preocupación. Alteran nuestra rutina cuando llegan, hacen tambalear los sistemas de emergencia y ponen a prueba el mecanismo de protección que llega después del desastre: el seguro.

¿Quién paga qué cuando ocurre un fenómeno atmosférico?

En España, el coste de los daños provocados por fenómenos meteorológicos puede salir de dos bolsillos diferentes.

Por un lado está el seguro privado, que es el que actúa primero si no se trata de un evento especialmente problemático. Si tu contrato de seguro incluye daños por lluvia, viento, granizo o nieve, será la aseguradora quien responda siempre que se sobrepasen los límites pactados en la póliza (por ejemplo, que las rachas de viento superen cierta velocidad o que la lluvia alcance una intensidad concreta).

Pero cuando hablamos de riesgos extraordinarios —como inundaciones extraordinarias, tempestades ciclónicas atípicas, terremotos o incluso erupciones volcánicas— entra en acción el Consorcio de Compensación de Seguros, una entidad pública que cubre esos casos extremos. Eso sí, solo paga si tienes un seguro en vigor, ya que se financia con un pequeño recargo que pagas en tu póliza.

Cuando lo extraordinario deja de serlo

Un ejemplo cercano lo tenemos en la DANA que en octubre de 2024 golpeó con especial dureza a Valencia y al sureste peninsular. El Consorcio recibió cerca de 250.000 solicitudes de indemnización y calcula que el coste total rondará los 4.800 millones de euros. Es el mayor siniestro de su historia, desbancando a las inundaciones del País Vasco de agosto de 1983. A valores actualizados a diciembre de 2024 el coste de la DANA será casi cinco veces mayor. 

La Estadística de Riesgos Extraordinarios del Consorcio (serie 1971-2024) muestra un crecimiento constante tanto en el número de expedientes como en el importe total de las indemnizaciones. Algo que se puede explicar, en parte, por un dato que salta a la vista. Hay más bienes asegurados y, en consecuencia, el Consorcio tiene que hacer frente a un mayor número de siniestros.

Si rascamos un poco en los datos vemos que en apenas una década, esta entidad ha afrontado algunas de las catástrofes más caras de su historia. Y aunque solo paga cuando hay seguro —por lo que no refleja todos los daños que realmente ocurren—, sí deja ver una tendencia clara. Los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes y más costosos.

El impacto en la economía y en nuestra vida diaria

No hace falta perderse entre números para entrever la magnitud del problema. Solo en 2024 las aseguradoras privadas pagaron más de 560 millones de euros por siniestros ligados al clima. Detrás de ese número hay más 720.000 percances atendidos: viviendas inundadas, coches inservibles por un temporal, industrias paradas por fenómenos meteorológicos…

Aunque los hogares concentran la mayoría de los casos —alrededor de dos tercios—, los siniestros más caros se dan en el ámbito industrial. Y es ahí donde el seguro demuestra su verdadero papel. No solo soluciona problemas individuales, también ayuda a que la economía siga en marcha.

El Consorcio, como ya comentamos, actúa como un colchón para lo que el seguro privado no podría asumir por sí solo. Sin él, mantener un sistema asegurador capaz de responder a estas catástrofes sería prácticamente inviable.

Cómo afecta el cambio climático a los seguros

El cambio climático no solo deja una huella en el paisaje, también está cambiando la forma en la que las aseguradoras trabajan y gestionan sus riesgos.

Cuánto más frecuentes y graves son los siniestros, más difícil y caro les resulta transferir parte de ese riesgo al reaseguro – el seguro del seguro – lo que acaba reflejándose en los precios que pagamos los asegurados. 

Además, los modelos que antes servían para calcular la probabilidad de inundaciones, tormentas o incendios, ya no funcionan igual. El pasado ha dejado de ser un espejo fiable para prever el futuro, lo que obliga al sector a tener en cuenta el cambio climático y a adaptar su gestión a una realidad en donde el clima es cada vez más imprevisible.

¿Y cómo ha cambiado la regulación?

Es tal el impacto que hasta la normativa ha cambiado. Desde 2021, con la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, las aseguradoras y reaseguradoras tienen que rendir cuentas cada año ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, explicando cómo les afectan los riesgos climáticos y qué medidas están tomando para mitigarlos.

Ya no hablamos solo de buenas intenciones, sino de obligaciones. La sostenibilidad y la gestión del riesgo climático forman parte de la supervisión del sector, que ha puesto el greenwashing en su radar y exige que la transición ecológica se traduzca en acciones concretas y no se quede solo en palabras bonitas. 

Lo que viene

El cambio climático ha puesto al seguro en una posición curiosa donde es, al mismo tiempo, víctima y herramienta. Sufre las consecuencias cuando la naturaleza muestra su peor cara, pero también ayuda a las personas, empresas y territorios a volver a la normalidad. 

El futuro inmediato pasa por reforzar la prevención, actualizar los mapas de riesgo, no dejar desprotegidas a las zonas más vulnerables y mantener un equilibrio entre precios asumibles y la solvencia del sistema.

La Memoria Social del Seguro 2024, editada por UNESPA, lo resume perfectamente. El cambio climático ya está al mismo nivel que otros grandes retos del sector como el envejecimiento de la población, la movilidad o la transformación digital. No es un tema más, es uno de los ejes a tener en cuenta en la estrategia del sector.