¿Cómo puedo automatizar el ahorro?

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Toño García
4 minutos de lectura

Hacer un presupuesto y gestionar los gastos mensuales es un propósito que, en la mayoría de los casos, se comienza con mucha fuerza y, según va pasando el tiempo, ese esfuerzo requerido, unido a la falta de constancia, se desvanece. Primero, porque quizás no se obtengan los resultados obtenidos; segundo, porque el tiempo que requiere es una tarea más en nuestra ocupada vida cotidiana y; tercero, porque la fuerza de voluntad es limitada si no se elige bien en qué emplearla.

El ahorro, además de ser un objetivo casi unánime y siendo el paso previo para hacer que las finanzas personales se conviertan en patrimoniales, aporta tranquilidad y bienestar social al poner al margen las preocupaciones económicas del presupuesto familiar. Sin embargo, al carecer de una cultura arraigada del ahorro, se vive muy al día, haciéndonos vulnerables cuando el ciclo económico es de recesión.

Ahorrar es reservar una parte de los ingresos ordinarios para afrontar sin demasiado esfuerzo una necesidad financiera futura. Y, por ende, el ahorro es aquel dinero que se renuncia a gastar en un momento preciso, pudiendo disponer de él en el futuro de una forma casi inmediata, con la certeza de que su pérdida únicamente será la disminución del poder adquisitivo por el efecto de la inflación y, en el caso de que genere algo de rentabilidad, ésta será previamente conocida.

El plan de ahorro más generalizado es guardar el dinero que sobra a final del mes. Este plan solo funciona si no se tienen problemas para ahorrar porque, por ejemplo, los ingresos son suficientes para subsanar las contingencias comunes y al final del mes aún sobra algo. Si, por el contrario, se pertenece al grupo de los que llegan a final con el dinero justo, entonces automatizar el ahorro puede ser el comienzo de la solución del problema de la falta de ahorro.

La automatización de cualquier proceso de producción facilita las tareas reduciendo los costos operativos: libera tiempo, energía y, en casi todos los casos, dinero. Esa idea se puede poner en práctica también para el ahorro. Automatizar el ahorro es una acción muy sencilla que evita estar pendiente de su realización. La fuerza de voluntad siempre es limitada y está localizada en aquello que más se necesita. Por eso, gestionar los gastos mensuales y hacer un presupuesto no siempre genera el resultado esperado. Lo que sí funciona de verdad es crear un sistema automático que sea el que se encargue de hacer el ahorro de una forma sistemática y no esperar a final de mes. Este tipo de sistemas son algo laboriosos para ponerlos en marcha y adaptarlos a nuestras necesidades y capacidades financieras reales, pero, una vez que se consigue, el resultado que proporciona es asombroso, sobre todo si se hace antes de que se comience con los gastos cotidianos. Es decir, la factura del ahorro debe ser la primera que se pague, convirtiéndose los gastos posteriores en el sobrante de la factura del ahorro.

La primera dificultad radica en saber la cantidad que se puede dedicar al ahorro sin distorsionar el presupuesto destinado a los gastos cotidianos. Una vez conseguido este primer escollo, el ahorro pasa a formar parte del presupuesto ordinario, con la diferencia de que no es un gasto, es un dinero que se destina a nosotros mismos.

Automatizar el ahorro es como domiciliar un recibo, pero a la inversa. Al final de lo que se trata es de utilizar la misma estrategia que las domiciliaciones bancarias o las suscripciones. Al final se familiariza uno con el sistema olvidándose de él y equiparándolo como una porción más de las rutinas de los flujos financieros.

Hoy en día todo está programado, facilitándonos este hecho la vida cotidiana. Pues el ahorro también se puede programar simplificando mucho la tarea. En este caso, la tecnología se pone de nuestro lado y la banca también.

La periodicidad de las aportaciones a una cuenta destinada al ahorro supone una serie de ventajas. La primera es que poco a poco se construye un patrimonio de una forma preestablecida que es lo que se conoce como preahorro (aportar una cantidad de los ingresos a principio de cada mes). Además de conseguir un aumento considerable del capital, si ese dinero se invierte, se accede de una forma inmediata a la bonanza del interés compuesto.

El tiempo es uno de los aliados en lo que a inversión y ahorro se refiere. Únicamente habrá que conseguir que este se ponga de nuestro lado con el fin de que las aportaciones periódicas y automatizadas hagan crecer el ahorro y se les pueda sacar más partido de cara al futuro, vía inversión en cualquiera de los activos disponibles en el mercado. Las aportaciones periódicas permiten hacer inversiones de forma sistemática minimizando el riesgo de los propios vaivenes que constantemente experimenta la economía. Con este tipo de aportaciones, se despeja la duda de si se está haciendo la aportación en el momento más idóneo debido a que se realiza en los diferentes puntos del ciclo económico, aceptando, eso sí, las fluctuaciones a corto plazo a beneficio de la rentabilidad en el largo.

En definitiva, automatizar el ahorro evita, en gran medida, el coste de oportunidad. Es decir, se puede estar haciendo otra cosa mientas que el ahorro está trabajando para nosotros.

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