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¿Cuál es el impacto de la conducción autónoma en los seguros?

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Fecha de actualización: 12/11/25

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Hace años hablábamos de coches autónomos como si fueran ciencia ficción. Hoy, en cambio, ya circulan por nuestras carreteras vehículos capaces de decidir cuándo frenar, corregir un volantazo o mantenerse en el carril sin intervención humana. Más allá del salto tecnológico que esto supone, es un reto para el sector segurador que se enfrenta a una de sus mayores transformaciones desde que los seguros de auto existen.

¿Está la industria preparada para este cambio? Hoy analizamos el impacto de la conducción autónoma en los seguros.

¿Qué es un vehículo autónomo?

La DGT distingue dos definiciones:

  • Vehículo automatizado: puede desplazarse solo durante ciertos periodos sin supervisión constante, aunque requiere intervención humana en determinados momentos.
  • Vehículo autónomo: es capaz de circular sin ningún tipo de supervisión o intervención por parte del conductor.

Existen diferentes clasificaciones, pero quizás la más extendida sea la creada por la Sociedad de Ingenieros de Automoción (SAE para los amigos) que distingue seis niveles según el grado de participación humana:

  • Nivel 0 – El conductor lo hace de todo.
  • Nivel 1 – El vehículo asiste al conductor en la dirección o en la aceleración/frenada (nunca ambas cosas a la vez).
  • Nivel 2 – El sistema puede encargarse a la vez de dirección y aceleración/frenada. El conductor realiza el resto de las tareas.
  • Nivel 3 – El vehículo conduce solo pero con ciertas limitaciones. El conductor debe intervenir si el sistema lo solicita.
  • Nivel 4 – El sistema realiza todas las tareas de conducción, incluso si el conductor no responde a una solicitud de intervención.
  • Nivel 5 – El vehículo realiza todas las tareas de conducción en todas las condiciones posibles y puede prescindir de conductor, volante y pedales.

La conducción autónoma en España

Si echamos un vistazo al día a día en nuestro país la foto es bastante se menos futurista de lo que parece. Aunque cerca del 20 % de los turismos nuevos ya incorporan tecnología que les permitiría funcionar con el nivel 3 que ya hemos descrito, la normativa todavía no permite que el coche tome el mando mientras tú revisas la agenda del día.

La circulación real está limitada a vehículos de los niveles 1 y 2 que disponen de funcionalidades como el control de crucero adaptativo o la asistencia de mantenimiento de carril. El uso de coches más avanzados sigue estando restringido a proyectos piloto y pruebas controladas.

¿Cómo afectará la conducción autónoma a los seguros?

Si hablamos del impacto de la conducción autónoma a los seguros la cosa se pone interesante. La conducción autónoma promete reducir drásticamente el número de accidentes. Hoy, alrededor del 80% de los siniestros están provocados por errores humanos. Lo que supone que las distracciones al volante, consumo de alcohol o la fatiga quedan fuera de la ecuación cuando el vehículo toma el control total de la conducción.

Esto, en teoría, debería traducirse en una bajada de primas, ¿verdad? La respuesta puede no ser tan simple. Aunque la frecuencia de accidentes se reduzca, los riesgos no desaparecen, cambian.

¿Qué riesgos aparecen cuando ya no conduce un humano?

Fallos de software, ciberataques, errores en los sensores, vulnerabilidades en el sistema de navegación son solo algunos de los potenciales problemas que podremos encontrarnos en un futuro cada vez más cercano.

Sin olvidar las decisiones éticas del propio vehículo. Cuando el coche tenga que elegir entre dos maniobras posibles ante un imprevisto (por ejemplo, esquivar a un peatón y provocar una colisión con una moto), ¿quién diseña la lógica de esa decisión? ¿Qué opción será la “correcta”? ¿Qué criterio se va a utilizar?

Aunque haya menos accidentes, los que sí ocurran podrían tener consecuencias más graves y más costosas. Los componentes son cada vez más sofisticados, las reparaciones cada vez más complejas y la gestión del siniestro se volverá mucho más técnica. La tecnología promete seguridad, sí. Pero también trae consigo una nueva generación de riesgos que el seguro tendrá que aprender a cubrir.

¿Quién será responsable en caso de accidente?

Este es, sin duda, uno de los grandes debates legales y técnicos que plantea la llegada de la conducción autónoma. ¿Quién es el responsable de un accidente provocado por un coche autónomo ¿El propietario del vehículo? ¿El fabricante? ¿La empresa que desarrolle el sistema autónomo?

Actualmente, la legislación española establece que el conductor (y el propietario en ciertos casos) es el responsable de los daños causados por el vehículo a motor. Pero este marco legal parte de una premisa que en el futuro dejará de ser válida: siempre hay un ser humano al mando.

¿Dejaremos de contratar el seguro del coche como lo conocemos cuando los vehículos sean completamente autónomos? Llegado ese momento la responsabilidad ya no podrá recaer en un conductor que, sencillamente, no existe. ¿Deberá entonces atribuirse a quienes intervienen en el diseño, fabricación, configuración o mantenimiento del vehículo? ¿Hasta qué punto podrá responder también el propietario?

La conducción autónoma no es solo una innovación tecnológica. Es una revolución que sacudirá la movilidad y provocará cambios sustanciales en la legislación y en el modelo de negocio asegurador.

El futuro ya está en marcha y, esta vez, ¡no necesita conductor!