El juego de la bolsa

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Toño García
5 minutos de lectura

La Bolsa no es un juego, aunque para algunos sí lo parezca. Tampoco es un casino donde los jugadores apuestan a un número, a un color, a una carta… Los que la intentan comparar con un juego, se encuentran con que no son capaces de dar respuesta a preguntas como ¿quién se lleva el dinero que yo pierdo?, ¿de quién proviene el dinero que yo gano? o ¿el juego de la Bolsa es, en definitiva, un juego de suma cero?

En el caso de la Bolsa, en realidad, solamente en contadas ocasiones lo que gana alguien lo tiene que perder otro porque, en esencia, los Mercados Financieros, si fueran un juego, serían un juego de suma negativa porque siempre existe un intermediario que se lleva parte del pastel, tanto si se gana como si se pierde.

Lo primero que hay que aclarar es que la Bolsa es un mercado donde se ponen de acuerdo compradores y vendedores para hacer operaciones de compraventa de acciones u otros activos financieros. Ese dinero no va destinado a engrosar las cuentas de la compañía cotizada, si se habla de acciones, sino que va a parar a otro inversor que está vendiendo los títulos de esa misma compañía. El vendedor no es el perdedor de la operación de compraventa ni tampoco el comprador es el ganador.

En el momento de realizar la transacción, comprador y vendedor se consideran satisfechos con la operación que acaban de realizar pensando ambos que son los ganadores: el vendedor valora más el dinero que las acciones y el comprador valora más las acciones que el dinero que ha desembolsado por ellas. El vendedor vende porque tiene mejores opciones donde invertir el dinero que reciba por la transacción o porque, según su criterio, considera que las acciones ya han alcanzado su nivel preestablecido. El comprador compra porque opina que necesita emplear su liquidez y considera que el precio de la acción aún tiene un margen suficiente de subida y que puede apropiarse de él.

Cuando una empresa decide salir a Bolsa, lo hace mediante unas determinadas operaciones específicas, como puede ser el caso, entre otras, de una OPV (Oferta Pública de Venta). En este caso, la compañía sí recibe el capital directamente de los inversores engrosando las arcas de la empresa: se está ante lo que técnicamente se conoce como Mercado Primario. A partir de ese momento, los títulos cambian de accionista a accionista, dando lugar a lo que se conoce como Mercado Secundario. Puede ocurrir también que se necesite, por la razón que sea, hacer una ampliación de capital, consistente en emitir nuevas acciones a cotización: estas acciones nunca han estado en manos de otro accionista. De nuevo, esas acciones provenientes de la ampliación de capital pasan a negociarse en el Mercado Secundario.

Las acciones que se adquieren llevan implícitos unos derechos políticos y económicos, lo que les da derecho a sus propietarios a participar de la vida activa de la sociedad, tanto de forma económica como a nivel de decisiones políticas. Cuando se adquieren esas acciones no se sabe cómo se van a materializar exactamente esos derechos adquiridos, sin embargo, si existirán unas expectativas latentes que cuajarán o no en el futuro. El precio de la acción, por tanto, reflejará el valor que pueden ofrecer esos títulos según las expectativas y ellas son las que marcarán las subidas o bajadas del precio de la acción. El precio de una acción, por tanto, incluye tanto el valor contable de la empresa como la confianza de que esa empresa cree valor para el accionista. El valor contable es fijo, por lo tanto, el precio se forma por las variaciones que experimenten las expectativas.

Aunque parezca que constantemente los Bancos Centrales no paran de imprimir dinero, el dinero es finito. Por lo tanto, lo que uno gana habrá otro, en cualquier parte del mundo, que estará perdiendo la misma cantidad. Puede, incluso, darse el caso de que exista la sensación de que todo el mundo gana o pierde en un momento determinado. Tal sería el caso, por ejemplo, de esos momentos en que parece que la Bolsa no tiene techo o, por el contrario, cuando parece que no tiene fondo. Cuando un valor bursátil está en máximos históricos todos los que estén invertidos en él estarán ganando dinero, por el contrario, si un valor se encuentra en mínimos históricos todos los inversores que estén posicionados en él estarán en pérdidas. Las compensaciones dinerarias para llegar a una suma cero vendrán en el momento en que la cotización de esa compañía empiece a fluctuar en una dirección u otra.

Cuando se invierte, son varias las personas que interactúan. La cuestión es si para ganar lo máximo posible, teniendo en cuenta que los demás también toman sus decisiones en virtud de la información que han recabado, debe ser cosa de los otros o puede conseguirse favoreciéndose también de los demás. Es posible que, aunque la inversión bursátil sea un sistema abierto, sea de suma nula: los beneficios que se obtienen son a costa de otros y no pueden obtenerse favoreciendo, en promedio, a todos los inversores. Alguien tiene que vender barato para que otro pueda vender caro y luego, por consiguiente, alguien comprará caro.

En teoría, los juegos que se conocen como juegos de suma cero son aquellos en los que la suma total de los beneficios y pérdidas de todos los participantes es igual a cero. Es decir, lo que ganan unos participantes es igual a lo que pierden otros y viceversa. No existe creación de valor desde una perspectiva general. Lo opuesto son los juegos de suma no nula, en los que sí existe una ganancia (o pérdida) neta de valor.

He hablado de la compra de acciones porque otros tipos más o menos habituales de inversión sí son juegos de suma cero. Buscando ejemplos nuevamente se tiene el trading de corto plazo (trading es cuando se compran y venden activos financieros en cuestión de días, horas e incluso minutos), en el que lo beneficios de unos inversores compensan las pérdidas de otros y no hay generación de valor, dado que no da tiempo a que la parte alícuota de las empresas que se compran y se venden generen beneficios significativos. También la inversión en derivados como opciones, futuros o CFDs son juegos de suma cero si no se tienen en cuenta las comisiones de intermediación. En el caso de las opciones, las primas que se ingresan o se pagan se compensan y acaban sumando cero. En futuros y CFDs siempre existe una contrapartida con la posición contraria que equilibra el sistema.

En fin, un juego de suma cero es un juego no cooperativo donde la riqueza está dada. Tras jugarlo, las ganancias que uno obtiene se corresponderían con las pérdidas de otro.

En definitiva, en la Bolsa la riqueza no está dada: las empresas cotizadas podrán subir e incluso bajar hasta llegar a valer cero.

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