¿Cómo funciona un fondo buitre?

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Toño García
5 minutos de lectura

En muchas ocasiones, el ingenio de aplicar palabras a modo de metáfora no repara en si realmente la traslación del concepto que quiere expresar es correcta. Es el caso de la palabra “buitre” que, como sabéis, proviene del nombre de un ave rapaz y carroñera que se alimenta de animales muertos, sobrevolando pacientemente a aquellos que observa que están moribundos en espera del momento adecuado para hincarle el pico. En la vida cotidiana, se utiliza la palabra “buitre” como cosa mala y es atribuida a aquellas personas que se ceban de la desgracia de los demás. El mundo de las finanzas no es ajeno a estas vicisitudes y se le ha atribuido este peyorativo a un tipo de Fondo de Inversión: el Fondo Buitre.

El término “fondo buitre” fue popularizado rápidamente por movimientos sociales, ONG’s y responsables políticos, siendo adoptado posteriormente por todo tipo de organismos internacionales. Sin embargo, los operadores de mercado prefieren evitar esta denominación con alta denotación negativa, pero los medios de comunicación, aunque no siempre de forma acertada, se han encargado de difundir noticias sobre este tipo de fondos y siempre en contextos de crisis económicas.

El Diccionario de la Lengua Española define el Fondo Buitre (en inglés vulture fund o holdout) como un tipo de fondo de inversión de alto riesgo con un cargado carácter especulativo, cuya misión es comprar deuda o activos de empresas o instituciones en graves dificultades económicas, aprovechando las oportunidades del mercado. Cuando este tipo de fondos actúa, el “cadáver” ya existe, es decir, compran deuda. Si se tiene una deuda con una entidad y esa deuda la ha comprado uno de estos fondos, de repente, ya no se debe el dinero a la entidad que actuó como prestamista. Normalmente, cuando se firma un crédito, cualquiera, se advierte de que “el que otorga el crédito puede derivar esa deuda a otra entidad”.

Este tipo de Fondos de Inversión, de capital riesgo o de inversión libre, se especializan en la compra de activos en quiebra, al menor precio posible, con el objetivo de especular con la posterior ejecución o venta, sin muchas veces atender a reestructuraciones o quitas. En algunas ocasiones, puede llegar el caso que incluso se vendan las deudas a otros inversores especuladores con el fin de conseguir éstos altas rentabilidades.

La compra de deuda a bajo precio no es de ahora, data de la creación de los mercados de valores. En aquella época, los acreedores presionaban a los deudores con dificultades de pago. En los años 80 del siglo pasado, cuando se produce la desregulación financiera, esta actividad adquiere una nueva dimensión llegando, incluso, hasta las deudas de los propios Estados. La reestructuración de las deudas se transforma en activos fácilmente comercializables. El acreedor inicial devalúa los préstamos para venderlos en el mercado secundario donde la rebaja puede ser muy sustancial, llegando en algunos acasos hasta el 80% del valor nominal.

En los años 90 del mismo siglo, ese procedimiento se aplicó a las deudas soberanas de no pocos países con dificultades económicas. Ya en este siglo, a raíz de la crisis financiera y económica, en España se llevaron a cabo multitud de adquisiciones de activos de deuda a precios de saldo, lo que ocasionó algún que otro susto al propio Estado, a alguna Comunidad Autónoma y a alguna entidad financiera, así como a no pocos particulares que se encontraban endeudados.

Los gestores de los Fondos Buitre buscan inversiones que ofrezcan un gran potencial de revalorización asumiendo un elevado riesgo de impago. Es decir, identifican activos altamente sobrevendidos por determinadas causas financieras y que su precio está claramente por debajo de su valor nominal, lo que se supone que cuando se giren al alza, si lo hacen, sea con inmensas plusvalías para los tenedores. Ni qué decir tiene que la estrategia que usan es de un gran riesgo, incluso la totalidad de la pérdida del valor de los activos. La cartera suele estar formada por valores de renta fija, bonos de alto rendimiento, préstamos que rozan el impago, propiedades inmobiliarias y empresas muy endeudadas.

La crítica de estos fondos nunca ha sido buena por beneficiarse de países, empresas y personas con problemas financieros de impago de deudas. Pero sobre todo la crítica mayor le viene por el lado de los mecanismos que usan para recuperar la deuda. Aquí tengo que añadir que no todos actúan de la misma forma, aunque el fin siga siendo rentabilizar las aportaciones de los partícipes del fondo. En España fueron muy criticados cuando algunos fondos de alto riesgo compraron deuda hipotecaria a las entidades financieras, presionando posteriormente al deudor para recuperar la totalidad de la deuda que habían comprado, no siendo partícipes de una posible reestructuración.

El caso es que cuando un fondo muestra un ápice de especulación rápidamente se le denomina “Fondo Buitre” y, además, en tono despectivo. Y no siempre es así. Pero, cuando una información se repite de forma machacona es muy difícil volver de nuevo a la normalidad, y la realidad queda difuminada en su totalidad. Cualquier Fondo de Inversión está formado, entre otros, por pequeños partícipes, que no dejan de ser ahorradores domésticos, delegando la gestión de la inversión de sus ahorros en profesionales financieros. Estos fondos no compran préstamos que se paguen de forma regular, lo que compran son préstamos de dudoso cobro, con un descuento considerable y, la mayoría de los gestores, lo que hacen es intentar llegar a una negociación amistosa, intentando solucionar un problema que la entidad prestamista no fue capaz de resolver. Si esta negociación no prolifera, esa deuda se volverá a revender a un tercero y en este caso puede ocurrir que ya sea una empresa especializada en ejecuciones de préstamos.

Los Fondos Buitre existen, claro que sí, pero no a todos a los que se le asigna ese término despectivo se le hace de forma correcta, más bien se le hace a la ligera. Son muchos los que han llegado a buenas negociaciones con los deudores y no han destrozado ninguna familia. Su misión era ganar dinero, sí, pero resolviendo una situación de impago de forma satisfactoria para prestamista y prestatario.

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