¿Cuál es el origen y uso de las propinas?

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Toño García
4 minutos de lectura

Pagar más por un servicio o producto, sin estar obligado a ello, da la sensación de que va en contra de nuestros propios intereses. Por eso, las propinas, siendo voluntarias en nuestro país y por tratarse de una regla no escrita, siempre han sido un tema polémico. En el fondo, no deja de tratarse de un tema cultural y un gesto de agradecimiento por el servicio recibido, con la connotación de asegurarse un trato preferente si el cliente repite en el futuro.

Los consumidores, según su opinión, se han polarizado en varios frentes: por un lado, están los que piensan que la propina debe de ser algo obligatorio con el fin de apoyar el sueldo del trabajador. Por otro, están los que creen que las propinas lo único que propician es que los salarios se mantengan por debajo de su precio real. Y otros, sin darle más importancia, opinan que la propina no deja de ser una costumbre y una muestra de agradecimiento.

La propina es una recompensa, generalmente económica, que se da como agradecimiento a alguien por la realización de un buen servicio o por el producto consumido. La Real Academia Española (RAE), en su diccionario de la lengua española, la define con las siguientes tres acepciones:

  1. Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio.
  2. Gratificación pequeña con que se recompensa un servicio eventual.
  3. Colación o agasajo que se repartía entre los concurrentes a una junta, y que después se redujo a dinero”.

Varias son las fuentes que indican el origen de la palabra y su significado, coincidiendo en la acepción final. Se dice que el término “propina” proviene del griego “propinein”: ‘pro’ (antes/para) ‘pinein’ (beber). Aunque según la Real Academia Española viene del latín bajo ‘propina’, sin especificar que a su vez podría venir del vocablo ‘propinâre’ para referirse al acto de dar dinero a alguien con la intención de que se lo gastase en tomar algo a la salud de quien se lo dio.

La propina, según los historiadores, era una tradición originaria de la Inglaterra del siglo XVI, consistiendo en el dinero que los invitados daban a los anfitriones para compensar, de alguna manera, el trabajo adicional que les generaban y sería una forma de pagar las horas extras de los empleados. En la siguiente frase, tomada de un libro inglés de 1795 y recogido por la BBC, se aclara muy bien: “si un hombre con su caballo se aloja en una posada, además de pagar la factura debe dar al menos un chelín al camarero y seis peniques a la sirvienta, al mozo de cuadra y al limpiabotas, lo que sumaría media corona”.

Posteriormente, a finales de la Edad Media, los señores feudales tenían la costumbre de darle algunas monedas a las personas socialmente inferiores como gesto de buena voluntad o de humillación, con el fin de recalcarles que ellos eran los que ordenaban. En este caso, la práctica de dar propinas se asociaba al vasallaje y a la esclavitud.

Los estadounidenses, a finales del siglo XIX, importaron la práctica de las propinas tomándolo como un gesto que indicaba una educación refinada. Esta práctica se consolidó con la abolición de la esclavitud. Los restaurantes, por ejemplo, querían seguir teniendo mano de obra gratis, así que usaron las propinas para convertirlas en los salarios de los empleados. Es decir, contrataban a los negros, pero no le pagaban ningún sueldo, excepto lo que recibiesen de las propinas que los clientes les diesen. Ese es el motivo por el que los empleados de la hostelería eran la inmensa mayoría negros. En 1904, en el estado de Georgia, surgió la primera Sociedad Anti-Propina de América que se negaban a dar propinas. En 1906, Washington fue el primero de seis estados en prohibir las propinas. En 1926 se derogó esa prohibición. En 1960 el Congreso acordó que los trabajadores podrían recibir un salario más bajo si una parte de él provenía de las propinas.

En 2007, en España, Pedro Solves, ministro de economía de la época, dijo que las propinas excesivas eran un factor que propiciaba el aumento de la inflación del país.

Lo que está claro es que la costumbre de dar propinas, en la actualidad, está extendida por todo el mundo, pero la costumbre de cómo y cuánto hay que dar difieren bastante de un país a otro. Y no en todas partes son acogidas de la misma manera. Aquí, en España, son una parte importante del sector servicios y siempre es de agradecer un aporte extra de dinero. En Japón son un insulto y un gesto de superioridad hacia el trabajador. En el caso opuesto está, por ejemplo, Estados Unidos, donde las propinas forman parte del sueldo de los trabajadores independientemente del trato recibido y hasta pueden venir incluidas en la factura. En otros lugares, como en Grecia o Dinamarca, no esperan ese gesto de agradecimiento.

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