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La pensión no contributiva es una prestación económica destinada a ciudadanos en situación de necesidad que carecen de recursos suficientes para su subsistencia. Se concede a personas que, o bien nunca han cotizado a la Seguridad Social, o no lo han hecho el tiempo suficiente para acceder a una pensión contributiva.
Existen dos modalidades principales para acceder a esta ayuda: por jubilación o por invalidez (discapacidad). En este artículo detallamos sus requisitos y, sobre todo, cómo tributan en la declaración de la renta.

Es la más común y se concede al alcanzar la edad legal de retiro sin haber sumado los 15 años de cotización mínimos exigidos por el sistema contributivo.
Esta prestación asegura un mínimo de ingresos a personas con un grado de discapacidad igual o superior al 65%. Además del pago mensual incluye asistencia médico-farmacéutica gratuita y servicios sociales.
Para el año 2025 el límite de ingresos anuales para una persona que vive sola se sitúa en torno a los 8.803,20 euros (dato sujeto a la actualización de los Presupuestos Generales).
Si convives con familiares este límite aumenta según el número de miembros de la «unidad económica de convivencia», especialmente si existen vínculos de primer grado (padres o hijos).
Una de las dudas más frecuentes es si estas prestaciones deben declararse ante la Agencia Tributaria. La respuesta técnica es que tributan como rendimientos del trabajo, al igual que las pensiones contributivas. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los beneficiarios no están obligados a presentar la declaración de la renta.
El motivo es el mínimo exento. Para el ejercicio actual el límite para estar obligado a declarar rentas del trabajo provenientes de un solo pagador es de 22.000 euros anuales. Dado que la cuantía máxima de una pensión no contributiva es muy inferior a esa cifra (rondando los 7.250 y 9.000 euros anuales dependiendo del caso), el pensionista queda exento.
Debes prestar atención si te encuentras en alguna de estas situaciones: